Las máquinas se diseñan para un objetivo. Tenemos una máquina que calienta la comida, otra que tuesta el pan, tenemos una máquina que nos corta el pelo, una máquina que nos dá dinero, una que hace hielos, una que reproduce videos previamente grabados, otra que nos permite ver imágenes grabadas en otros sitio o eventos en directo, otra que nos permite muchas de ellas como este ordenador.
No somos máquinas y aun así, nos prediseñamos para cumplir ciertas tareas. "Soy bueno dándo consejos a la gente, soy bueno corriendo, soy bueno ligando, yo soy muy trabajador, yo soy gracioso..." Son labores que una máquina no puede hacer. Son cosas que nos gusta hacer y con las que nos sentimos muy identificados.
También nos prediseñamos para hacer ciertas cosas en nuestras relaciones. "Cuido de ella, siempre le saco una sonrisa, soy el tonto del grupo, es que cada vez que quiero consejo se lo pido a él..." Y en muchas de nuestras relaciones nuestro objetivo, nuestro sino es uno, solamente uno, o varios, pero nos marcamos ciertas tareas e intentamos realizarlas. Pero...
¿Qué pasa cuando esas tareas, esos objetivos que tenemos con ciertas personas o como gran virtud de nuestras personalidades dejan de servir? Cuando eras el más gracioso de todos, pero ya no haces reir, cuando siempre le dabas consejo a una persona y deja de pedirtelo, cuando eras la alegría del grupo y ya ni siquera sonries. Que pasa cuando no sabes cómo ser útil para ciertas de las personas para las que eras muy importante. Las máquinas cuando dejan de servir para lo que son, se vuelven inútiles, se tiran, pero ellas no sienten nada, porque son máquinas...
Las personas tenemos sentimientos y puede ser muy duro saber que aunque seguimos siendo personas y aunque nuestras vidas tienen que seguir, para alguien hemos dejado de ser útiles y nos tiran a la basura, como a una máquina inservible.
Las máquinas pueden reciclarse... ¿también pueden las personas?
wuuaaauuwww..!
ResponderEliminarcuanta razon, me ha encantado la entrada!!